domingo, 18 de enero de 2009

Percances en Ikea

Ayer fuimos a Ikea, y redecoramos nuestra vida. Ya hace un par de días a la vuelta del trabajo, en mis habituales charlas en catalán con mi amiga Rosa, estuvimos hablando de la dudosa honradez de los dueños de Ikea; de la empresa en si que promueve valores a priori muy positivos de ecología y de paridad laboral.  Bueno, parece ser que no son malos, pero quizá tampoco tan buenos. Muchos les critican de hipócritas porque basan sus bajos precios a costa de poner fábricas y plantas de producción en países donde los derechos laborales brillan por su ausencia y se explota a menores, o por contaminar allende las fronteras de Suecia.

Knut! Echamos varias horas en Ikea decidiendo qué debíamos comprar y qué no y cómo combinarlo con cierto criterio decorativo (no es nada fácil). Al final cuando conseguimos aglutinar todo nuestro cargamento nos fuimos a las cajas y pagamos la multa y hombre, la verdad que para todo lo que compramos nos salió bien barato. 

Una vez habíamos pagado llegó lo realmente emocionante de la jornada, más incluso que decidir colores o montar los muebles más tarde. Mientras yo compraba unos perritos de esos que venden a un euro y Bea se fumaba su ansiado cigarro fuera, a mi primo le tocó cuidar de la compra y se le acercó un hombre corpulento y moreno, le hacía señas y le silbaba para llamar su atención. No sé si mi primo pensó que quería tema pero se asustó. El pobre hombre, que después descubrimos que se llamaba Carlos Juan, era un cubano que se dedicaba "de tapadillo" a ofrecer a los clientes de Ikea un servicio de transporte por 12 euros menos de lo que te cuesta con el servicio oficial de Ikea y que no te lo suben hasta casa. Te dejan en el portal con toda la mercancía. 

Cuando regresé con los perritos mi primo me contó lo sucedido, lo consulté con Bea y decidimos que ¡Qué cojones! nos íbamos con el cubano en su fragoneta a que nos llevara la multitudinaria y pesada compra. Lo desagradable vino entonces, le hicimos una señal afirmativa a Carlos Juan de que sí queríamos sus servicios y él muy sigilosamente se acercó y nos dijo que nos marchabamos en cuanto quisiéramos. Le dijimos que en cinco minutos, para poder comernos los perritos con tranquilidad. Cuando quisimos darnos cuenta Carlos Juan tenía una segurata detrás pidiéndole que se marchara de la tienda.

Fue entonces cuando nosotros entendimos un poco mejor lo que pasaba y la actitud intrigante de Carlos Juan, como si rozase lo delictivo, y es que en Ikea el cliente no puede decidir libremente quien le transporta la compra sino que tienes que ceñirte al servicio que te ofrecen ellos. Bueno, yo entiendo que puede ser competencia desleal pero en este caso nosotros teníamos claro que Doña Ikea no iba a decidir por nosotros qué debíamos hacer. Entonces tomamos el camino hacia la puerta a esperar a que llegase nuestro cubano a transportarnos la mercancía pero éste no llegaba y yo ya me temía lo peor.

Carlos Juan, muy inteligentemente se comía con diligencia un donut que había comprado en el restaurante de la tienda mientras la primera segurata más uno más que había aparecido allí le instaban a que se acabase el donut rápido y abandonase el recinto. Entonces llegamos Bea y yo y le plantamos cara a los seguratas que le hacían mobbing al chico y dije: "¿Qué pasa? ¿ustedes qué se creen? Este hombre es mi amigo y ha venido con nosotros para ayudarnos con la compra?". Y el segurata todo chulo me contestó: "Usted es cliente de este hombre, déjenos hacer nuestro trabajo". "Yo no soy cliente de nadie y usted no me dice a mí lo que este hombre tiene que hacer". No tuvieron más salida y tuvieron que aceptar el hecho de que no podían hacer nada, ¡NO ESTÁBAMOS HACIENDO NADA ILEGAL!

Carlos Juan nos agradeció el gesto, nos llevó felizmente nuestra compra a casa mientras él y Bea hablaban animadamente de anécdotas cubanas. Finalmente nuestra casita quedó así.



6 comentarios:

manolo g. dijo...

ey, la semana pasada también estuve de compras por Ikea. Lo del transporte es lo chungo, y creo que cada cual puede decidir qué hacer con su mercancía una vez que la ha pagado, como si quiere quemarla en la puerta, jeje!!! bueno, bienvenido al ikeismo!!!

Rocio dijo...

te ha quedado monísimo!!y que yo no haya entrado nunca en Ikea...

Eáránë dijo...

Genial el post, y la decoracion de lujo! Yo cuando tengo dinero ( que no es muy a menudojajaja) voy a Ikea porque sale todo bastante economico (cierto que hay q mirar todo y luego decidirse)

Saludos ;)

will dijo...

¡Qué experiencia para contar, sí señor! ¡Ayyyy, lo que hacen 12 euros menos! Jejeje!

Anónimo dijo...

ay, jaimito, no tienes nada de razón con el tema de los portes, eh..........benefíciate de todas las ilegalidades que quiera cometer la gente, pero no creas que quedas libre de culpa.......

comprarías una coca-cola al moro que que vende en la playa mucho más barato que al chiringuito que paga sus impuestos por vender en la playa?
comprarías pues un cd al chino del suelo en lugar de comprarlo original en la fnac?

pues es lo mismo......y que conste que cada uno haga lo que quiera, pero seamos conscientes de que no está bien

Anónimo dijo...

por cierto, soy rubén, eh

:)