No he dejado de pensar en mi blog durante este fin de semana, pero tampoco he dejado de pensar en mis niños de Els Castanyers. Castanyers es el centro de menores donde estoy trabajando, es el último recurso que tiene la generalitat para intentar encauzar la conducta de chavales rebotados de otros centros o que han cometido delitos, es un centro dificil, muy dificil, la verdad; pero mis compañeros me animan diciendome que si empiezo por aquí ya nada nunca me volverá a dar miedo y me atreveré con cualquier centro, es un alivio saberlo. Hubo gente que me dijo que ellos no irian al Castanyers porque es peligroso pero... ¿quién dijo miedo?
Yo debo ser un iluso, o un optimista empedernido, pero lo cierto es que mi primer fin de semana no ha estado nada mal. Me ha tocado con un grupo de chavales de entre 14 y 16 años, concretamente este fin de semana eran sólo tres y bueno... he tenido que presenciar peleas, hacer reducciónes, y poner algún que otro punto sobre las íes; pero también es verdad que he ido con ellos a las Montañas de Berga (prepirineo catalán), hemos ido al cine a ver Hancock, hemos jugado a sopapo en la piscina (lo que yo siempre había conocido como 1 x 2), hemos jugado al futblol, he incluso se han sentado en la mesa conmigo a hacer dibujos.
Lo más difícil del trabajo es imponer disciplina a los chicos, yo que de por sí soy una persona muy indisciplinada y no creo nada ni en la autoridad, ni en los horarios ni en las normas el centro está repleto de ello, para mí es complicado, pero tampoco puedo entrar en conflicto con la línea educativa del resto de educadores (fijaros, yo soy el último mono).
No obstante he hecho buenas migas con ellos y les he caido en gracia, no sé si por ser el lepero, o por ser tan joven; pero el hecho es que cuando están conmigo más o menos me hacen caso y son llevaderos, sin embargo cuando hay algún otro educador se rebotan más fácilmente y noto que se mes hace más dificil controlarlos, sobre todo ayer, que era yo él único educador del grupo A (14-16 años) y responsable de las decisiones sobre ese grupo.
Bueno, en general la experiencia no es mala, llegué con muchos prejuicios al centro y poco a poco se van cayendo y va naciendo la verdadera realidad que hay detrás de estos chicos, casos de desetructuración familiar y falta de referentes sólidos.
Lo peor, que yo sé que en tres fines de semana no les voy a cambiar el mundo.
Mi satisfacción: que cuando me voy del centro por la noche salen de la habitación a despedirse y me preguntan si voy a volver mañana.