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sábado, 1 de mayo de 2010

Bea no está


Bea se fue esta mañana, a las 10.00am, no muy temprano pero hoy es el día del trabajador y además es sábado. Bea ha sido mi compañera de piso desde que llegué a Barcelona hace casi dos años pero ha significado mucho más que eso. Es la persona que siempre estaba en casa cuando yo llegaba, en la que me he apoyado en innumerables ocasiones, con la que me he ido de fiesta a pesar de la disparidad de nuestros gustos, a la que le he confesado muchos secretos y con la que he viajado a Marruecos. Con ella he reído y he llorado.

Hoy se ha ido, comienza su aventura en solitario en otra casa para ella sola. Desde que yo la conocí hasta ahora ha hecho una gran evolución y sé que está preparada para dar este salto. No estoy triste, porque ella sigue en Barcelona y yo también y aunque es obvio admitir que no nos seguiremos viendo ni hablando con la misma frecuencia yo sé que he conocido a una persona en la que voy a poder confiar siempre.

Bea es justa, neutral, tiene carácter, divertida, pragmática y luchadora, una superviviente urbana que ha vivido mil aventuras sobre el asfalto de barcelona y te las cuenta con un cigarrillo liado en la boca como si fuera cualquier anécdota más. Bea sabe muchas cosas pero nunca presume saber de nada.

Hoy se ha ido una parte de mi y su recuerdo siempre quedará en esta casa. Te deseo lo mejor. Te quiero.

domingo, 18 de enero de 2009

Percances en Ikea

Ayer fuimos a Ikea, y redecoramos nuestra vida. Ya hace un par de días a la vuelta del trabajo, en mis habituales charlas en catalán con mi amiga Rosa, estuvimos hablando de la dudosa honradez de los dueños de Ikea; de la empresa en si que promueve valores a priori muy positivos de ecología y de paridad laboral.  Bueno, parece ser que no son malos, pero quizá tampoco tan buenos. Muchos les critican de hipócritas porque basan sus bajos precios a costa de poner fábricas y plantas de producción en países donde los derechos laborales brillan por su ausencia y se explota a menores, o por contaminar allende las fronteras de Suecia.

Knut! Echamos varias horas en Ikea decidiendo qué debíamos comprar y qué no y cómo combinarlo con cierto criterio decorativo (no es nada fácil). Al final cuando conseguimos aglutinar todo nuestro cargamento nos fuimos a las cajas y pagamos la multa y hombre, la verdad que para todo lo que compramos nos salió bien barato. 

Una vez habíamos pagado llegó lo realmente emocionante de la jornada, más incluso que decidir colores o montar los muebles más tarde. Mientras yo compraba unos perritos de esos que venden a un euro y Bea se fumaba su ansiado cigarro fuera, a mi primo le tocó cuidar de la compra y se le acercó un hombre corpulento y moreno, le hacía señas y le silbaba para llamar su atención. No sé si mi primo pensó que quería tema pero se asustó. El pobre hombre, que después descubrimos que se llamaba Carlos Juan, era un cubano que se dedicaba "de tapadillo" a ofrecer a los clientes de Ikea un servicio de transporte por 12 euros menos de lo que te cuesta con el servicio oficial de Ikea y que no te lo suben hasta casa. Te dejan en el portal con toda la mercancía. 

Cuando regresé con los perritos mi primo me contó lo sucedido, lo consulté con Bea y decidimos que ¡Qué cojones! nos íbamos con el cubano en su fragoneta a que nos llevara la multitudinaria y pesada compra. Lo desagradable vino entonces, le hicimos una señal afirmativa a Carlos Juan de que sí queríamos sus servicios y él muy sigilosamente se acercó y nos dijo que nos marchabamos en cuanto quisiéramos. Le dijimos que en cinco minutos, para poder comernos los perritos con tranquilidad. Cuando quisimos darnos cuenta Carlos Juan tenía una segurata detrás pidiéndole que se marchara de la tienda.

Fue entonces cuando nosotros entendimos un poco mejor lo que pasaba y la actitud intrigante de Carlos Juan, como si rozase lo delictivo, y es que en Ikea el cliente no puede decidir libremente quien le transporta la compra sino que tienes que ceñirte al servicio que te ofrecen ellos. Bueno, yo entiendo que puede ser competencia desleal pero en este caso nosotros teníamos claro que Doña Ikea no iba a decidir por nosotros qué debíamos hacer. Entonces tomamos el camino hacia la puerta a esperar a que llegase nuestro cubano a transportarnos la mercancía pero éste no llegaba y yo ya me temía lo peor.

Carlos Juan, muy inteligentemente se comía con diligencia un donut que había comprado en el restaurante de la tienda mientras la primera segurata más uno más que había aparecido allí le instaban a que se acabase el donut rápido y abandonase el recinto. Entonces llegamos Bea y yo y le plantamos cara a los seguratas que le hacían mobbing al chico y dije: "¿Qué pasa? ¿ustedes qué se creen? Este hombre es mi amigo y ha venido con nosotros para ayudarnos con la compra?". Y el segurata todo chulo me contestó: "Usted es cliente de este hombre, déjenos hacer nuestro trabajo". "Yo no soy cliente de nadie y usted no me dice a mí lo que este hombre tiene que hacer". No tuvieron más salida y tuvieron que aceptar el hecho de que no podían hacer nada, ¡NO ESTÁBAMOS HACIENDO NADA ILEGAL!

Carlos Juan nos agradeció el gesto, nos llevó felizmente nuestra compra a casa mientras él y Bea hablaban animadamente de anécdotas cubanas. Finalmente nuestra casita quedó así.



sábado, 30 de agosto de 2008

mi espacio

Hoy he abierto mis maletas, tengo mi ropa dispuesta en un armario, cuento con mi propio cuarto, mi propio espacio... y creo que en este mes y medio he llegado a la conclusión de que ésto es una necesidad más del ser humano (que a Maslow se le olvidó a añadir en su famosa pirámide).

La necesidad del espacio propio. Aunque suene a pijería es verdad, que tener aunque sea un mínimo donde estés tú contigo mismo y tengas tus cosas a tu antojo se me presenta como fundamental. Creo que de aquí puede ser que nazca esa obsesión del ser humano por la propiedad, porque... ¿por qué motivo llegó un día un homo sapiens y dijo... esta tierra es mía? ¿con qué clase de sensación de impunidad se creó la propiedad privada? ¿se puede vallar el mar? Ese homo sapiens tenía una necesidad de espacio, que es una cosa que de por sí y tras estudiadas teorías científicas se relaciona con el tiempo. Está claro que hubo un momento en que necesitamos nuestra propia morada, y la convicción de que esa morada permaneciese siendo nuestra aunque ya dejásemos de existir, si no... ¿quién inventó la herencia? ¿por qué cuando alguien muere sus bienes no vuelven a ser de todos? ¿de dónde se tomó?

Bueno, al caso, por fin tengo mi pequeño cuarto en algún rincón de está alocada y cosmopolita Barcelona, ha costado, ha tardado, pero ha llegado... esa es otra bonita lección con la que me quedo.

martes, 22 de julio de 2008

qualsevol

Qualsevol en español significa "cualquiera".

Hoy esa palabra me viene bien. Esta ha sido la tercera tarde que busco piso... Es complicado, cuando no me gusta la zona, me gusta la gente, o quizá si me gusta la gente la habitación me gusta un poco menos, ya sin hablar de la zona y de si está bien comunicada o no.

Cualquiera podría valer, pero no me debo de precipitar y quedarme con cualquier cosa.

Barcelona es una ciudad que siempre sorprende, y precisamente a este respecto también. Hay un bar que se dedica a organizar la llamada "noche del piso" que se celebra esta noche y sirve para que gente que busca compañeros y otros que buscan casa se conozcan entre si y quien sabe si encuentren su media naranja...

No confío demasiado en el método, pero por mi que no quede, no me voy a quedar sin probarlo